Este escrito lo tome de un mail que me mando mi buena amiga Liliana Medina.
Es difícil para mi quedarme pasiva ante cualquier tragedia humana. Lo sucedido en Asia y África no puede pasar desapercibido. Quizá algunos no lo sepan, pero el domingo 26 de diciembre, se originió un terremoto de 9 grados en la escala Richter en las costas de Indionesia. Ese temblor, fue mucho peor que el sufrido por México en 1985, y desprendió la energía equivalente a un millón de bombas atómicas. Más dramático aún que eso, fue el terrible maremoto réplica del temblor, que afectó a 9 países. Las consecuencias han sido desastrosas. Al momento en que escribo estas líneas ya van 115 mil muertos oficialmente, ( creen que la cifra pueda duplicarse) además de 2 millones de personas sin hogar, y 5 millones de desplazados. La situación es de tal magnitud, que se teme que se pierda toda una generación por la cantidad de niños que murieron, y por los que morirán en lo sucesivo debido a que, la escasez de agua y alimentos, aunado a que los cadáveres están a la intemperie pueden provocar diversas epidemias. Ante esa fatalidad, yo no me puedo quedar de brazos cruzados. Personalmente considero que aquello que nos hace humanos es esa capacidad de sentir el dolor del otro y actuar al respecto. Por ello, les pido, que a sus posiblidades, ayuden a todas esas personas afectadas por este desastre. Yo no soy muy religiosa, tal vez por eso creo que la mejor forma de ayudar (o cuando menos la más indicada para mí9 es donando dinero a la cruz roja internacional, a las embajadas de los países afectados o a cualquier organización que pueda hacer llegar la ayuda humanitaria. El gobierno de México ya dio algo, (100 mil dólares) lo cual creo que no soluciona mucho, pues se necesitan 130 millones de dólares (según la ONU) para resolver las necesidades más urgentes. Imagínense lo que podríamos hacer si cada mexicano donara un dólar. Esa será mi contribución, la suya quizá no pueda ser en ese sentido, tal vez sea rezando, tal vez reenviando este correo electrónico, mandando condolencias a las embajadas o cualquier cosa que se les ocurra. El caso es que no podemos ser indolentes ante esta situación, no porque nos pueda pasar o porque estemos relacionados con el suceso (y lo estamos, por el simple hecho de pertenecer a la especie, lo estamos), sino por que alguien que se precie de ser parte de la humanidad, no puede ser indiferente a estas tragedias. Hagamos pues lo que podamos por esas personas, lo que sea, pero hagamos algo.